viernes, 14 de abril de 2017

Continuidad y ruptura

La edición del 2017 del encuentro anual de la Peña del Tigretón significó un antes y un después en el devenir del grupo. Fue un ágape especial, por lo de continuidad y ruptura que tuvo. Una pandilla tan amante de las tradiciones vio como algunos de sus ritos fueron recuperados, y otros alterados. Menos mal que el generoso consumo etílico sirvió como bálsamo en las almas de nuestros protagonistas ante tanta convulsión.


La noticia del año fue el recuperar el marco en el que tantas veladas vivieron, y que tan felices les hizo. Casa Leopoldo ha vuelto, y a lo grande. Ni en el servicio, ni en el yantar, ni en la decoración se han visto alterados. Al contrario, se mantiene la esencia de este local tan emblemático que le hizo objeto de ser escogido como campo de actuación de la Peña del Tigretón. A menudo algo ha de cambiar para que todo permanezca igual. Casa Leopoldo murió. ¡Viva Casa Leopoldo!

La segunda recuperación, que sirvió para que la línea de continuidad se restableciera, fue la del retrato del grupo que decoró durante meses uno de los comedores de un local tan prestigioso. Se daba por desaparecido, pero durante unas horas volvió a forma parte de Casa Leopoldo. Ahora queda batallar para conseguir que lo que ha sido una alta temporal se convierta en definitiva. De las futuras hazañas de la Peña del Tigretón dependerá. He ahí el reto.


La tercera recuperación fue aún mejor, y vino de la mano de una novedad. Un reservado que había permanecido oculto durante años a los ojos de nuestros héroes fue ofrecido para que pudieran celebrar su encuentro anual. Y por algún vericueto legal desconocido existió la posibilidad de encender los afamados puros cubanos que antaño culminaban el ágape anual. Y se aprovechó. ¡Vaya si se hizo! Como en los mejores tiempos pre-ley seca el humo de los Cohíbas aromatizó las prendas y las almas de nuestros protagonistas.


El segundo cambio, tras la sala dónde se desarrolló el ágape, fue la ausencia del discurso leído, ese momento central de la celebración. Una edición tan rupturista merecía algo así, sobre todo tras la gran quiebra de la noche: el tradicional discurso ante la placa dedicada al Noi del Sucre no se produjo antes del ágape, sino después, tras dejar el restaurante. Toda una revolución en un grupo tan apegado a sus símbolos. Y no pasó nada. Y les encantó.


Lo que no cambió fue el canto a la amistad del generoso homenajeado, sus brindis por la Peña y el pasó por la TPV de la VISA. Ese tridente mágico culminó la velada tras la, de nuevo tradicional, ingesta de Bonys, Panteras Rosas y, cómo no, Tigretones que fueron compartidos con el personal del restaurante que se mostró diligente. Un último cambio a reseñar: la presencia de una sumiller que, con su eficacia, consiguió que el consumo de vino se incrementara, para gozo de los cosecheros de La Rioja y Galicia.


Tras una última ronda en un pub irlandés del centro, la noche se confundió para unos y se retiró para otros. El año que viene, si Dios y el homenajeado quieren, tocará comprobar si sigue la racha de cambios…

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