Si el gran humorista Mariano Rajoy acabó un mitin con la mítica frase "España es una gran nación y los españoles muy españoles y mucho españoles" la última entrega del patrocinio alimentario de amiguetes podría resumirse en "sin coca de Llavaneres y el jamón español es muy español y mucho español". Porque el caviar ibérico no faltó en la reciente entrega del 'Tritonazo', la maratón anual en el que un mecenas da de comer a los hambrientos. A los hambrientos de vino de rioja de gama media alta y aperitivos a todo tren.
Y es que la comida demostró que algo se puede mejorar en la España de hoy en día. Porque otros síntomas fueron inquietantes. El primero es que ni siquiera la llamada de un buen ágape gratis motivó un pleno. Malo. El segundo es que la espectacular llegada en taxi de uno de nuestros héroes fue sustituida por un viaje en bicicleta. Pésimo. Y el tercero es que el homenajeado recibió más regalos culturales de los permitidos en una velada de este tenor. Literatura y música de talla mundial. Algo se nos escapa, pero es una mala noticia. El fin del mundo se acerca.
Uno de los actos centrales del cincuenta te la hinco aniversario de buena parte de la colla de amiguetes comenzó como es menester: cervezas a la espera de conseguir el quórum, una buena dosis de aperitivos con el caviar ibérico como elemento central y que fueron devorados en un santiamén como es menester, un aumento de la dosis de los platos de pescado sobre la carnaza con patatas fritas - ¿paladar exquisito o síntoma de decadencia física? - y, como nota triste de la noche, la escasez de la mítica coca de Llavaneres - media ración que acabó en el plato de una minoría social desfavorecida del grupo - y la traición de uno de los presentes, que cambió el carajillo de Baileys - costumbre imprescindible - por el de whisky sin más.
No faltaron los Bonys y las Panteras Rosas. El Tigretón, debido a la deficiente política de distribución de la antaño casa Bimbo, no se encontraron en la docena de locales - Caprabo, Suma, Condis, DIA y badulaques diversos - que fueron investigados. Pero como había copas, nuestros héroes encontraron rápido consuelo. En los licores y en las múltiples anécdotas que fluyeron sobre la infancia de los presentes, lo que no sabemos si es una señal de clarividencia mental o no, porque del "Yo fui a EGB" a mirar los anuncios de viajes a Benidorm puede haber un paso.
Pero no. El ánimo juvenil de amiguetes fue la norma de la velada. Se comió como nunca, se bebió como siempre y, sobre todo, las risas fluyeron como si no hubiera un mañana. También se brindó mucho por los ausentes, pero la mesa de ocho se reveló como uno de los descubrimientos de la noche. Dos celebraciones centrales del 2026 con quórums reducidos, pero con veladas muy agradables y disfrutonas.
Con Vinaròs de fondo, la charla previa a la disolución de la velada se vio amenizada por los centenares de jóvenes y jóvenas que salían de la colindante fiesta de la Facultad de Informática. En nuestros tiempos universitarios hubiéramos visto pasar un campo de nabos rebozados en combinados de quality garrafón. Pero la tecnología ha evolucionado a mejor y el panorama era más agradable de ver. Tras abrazos diversos, promesas de amistad eterna y parabienes de todo tipo, nuestros héroes emprendieron la vuelta hacia sus hogares tras agradecer al mecenas su generosidad.
