viernes, 1 de mayo de 2009

Tengo una hija adicta...

Mi Blanca es una adicta a Pocoyo, le puedo enchufar seis capítulos seguidos y ni respira, sólo dice "patoooooooooo". Y lo peor es que ahora recuerdo que yo era igual, eso sí, con un par de añitos más y con los dibujos de la Warner. ¡Cómo me gustaba el Pato Lucas y cómo deseaba que el puto Bugs Bunny acabara en la cazuela, qué era su destino natural! Veo que ser un yonqui de los dibujos es una constante que pasa de generación en generación, aunque la sustancia adictiva varie en guión...

2 comentarios:

Ana dijo...

¡Ostraaaaaas, Sergio Fidalgo!!!

No creo que me recuerdes, pero yo a ti sí. Te conocí en la etapa de Goliardos, yo era una universitaria pompeyana más bien tímida y más ingenua que una malva, comunicóloga por más señas, pero había una macarra en mí que pugnaba por salir... A la larga lo único que me salió fueron michelines y una niña que ya ha cumplido 5 años. ;-)

¡Un abrazo!!!

Sergio Fidalgo dijo...

Diablos... tengo una duda, eras la que tenía apellido navarro que vivía por Sitges, o la amiga morena? Si no me equivoco, fuiste testiga del primer lecherazo en la noble y culta facultad de Filología, cuando al pobre Jordi le pusimos papel higiénico como si fuera la momia del cipote de Archidona, con un cartón de un rollo de papel de aluminio como miembro erecto...

Si me equivoco perdona... si es así, un saludo y que sepas que todavía recuerdo aquellos magníficos debates sobre las letras musicales de Torrebruno...

Yo tengo muchos más michelines que los que ya tenía y una cría de un par de años.

Un beso!