jueves, 22 de septiembre de 2005

Clos

Cada vez que escucho a Joan Clos hablar, me admiro como alguien así ha podido llegar tan lejos, es la prueba viviente que cualquiera puede llegar al puesto más alto siendo “buen chico” y obediente, sin tener ninguna de las cualidades que requiera el puesto en cuestión. Sus declaraciones diciendo que ninguna ciudad moderna puede hacerse responsable de que sus ciudadanos quieran mear, y que no tienen porque preocuparse que haya lavabos públicos. Claro, en el mundo ideal de Joan Clos los ciudadanos no cagan ni mean, y por lo tanto si alguien tiene ganas, es un incívico. Quien quiera orinar, que entre en un bar, que consuma, y que haga “lo suyo”, o que pique a la puerta de un vecino de la ciudad y le pida usar su aseo. Lo digo alto y claro: este tío es un capullo.

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