sábado, 18 de noviembre de 2006

Memorias alcohólicas (III): entra un caballero en mi vida

Uno es animal de modas. O lo era hasta que descubrí los licores buenos. Cuando me daba por beber un combinado determinado, no tomaba otra cosa en meses. Hasta que de repente dejaba de consumirlo, y volvía a la cerveza como elemento de transición hasta que descubría otra bebida interesante. Recuerdo que estuve casi un año que sólo tomaba en las discotecas Ponche Caballero con Cacaolat, una versión cañí del popular “Lumumba”. Algunos amigos me miraban como si fuera un marciano, porque no acababan de entender esta combinación. Pero lo encontraba rico, tenía un punto dulzón interesante y encima cumplía con su objetivo de alegrar el espíritu. No sirvió para que mejorara mi vida sexual y sentimental, pero ahí estaba yo, más chulo que un ocho, con mi batidito con “sorpresa”. Desde entonces, aunque ya no tomo Ponche Caballero, el único batido de chocolate que entra en mi organismo es el Cacaolat...

3 comentarios:

Guillem Carbonell dijo...

...és que el Cacaolat combina amb tot !

Svend dijo...

En segundo de BUP nos llevaron a una destilería de licor 43 (la excusa era que ibamos con un profe de química, por eso del proceso de fermentación y destilación). Nos dieron muestras... hoy los denuncian y cierran por hacer algo así. Que buenos tiempos y que profe tan enrrollado.

Sergio Fidalgo dijo...

Svend, tienes razón, ahora los hubieran acusado de incitar a los tiernos infantes a ser drogadictos...